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Febrero de 2005
Del disco duro a la escombrera
El incendio del edificio Windsor pone de relieve la importancia
del duplicado remoto de los datos y la existencia de planes de contingencias.
Susto o muerte. Sólo hay dos destinos para la información almacenada
en los ordenadores que se destruyeron la noche del pasado sábado,
justo con los restos del edificio Windsor.
Algunas de las empresas instaladas en la torre siniestrada ya se han
resignado ante la destrucción de todos los datos informáticos almacenados
en los discos duros, por no hablar de los que estaban en soporte de
papel, unos y otros convertidos en añicos o cenizas. También hay ejemplos
en sentido contrario, con empresas que al día siguiente estaban en
condiciones de volver a operar, como si nada hubiera sucedido, gracias
a los planes de contingencia y duplicado de datos. En este último
caso, los empleados pudieron responder a los correos electrónicos,
acceder a las bases de datos corporativas y operar con normalidad
desde cualquier otro sitio físico.
Comparex
“Sólo hemos perdido la oficina física, ya que el negocio y la
operabilidad sigue intacta”, explica a este periódico Juan Martínez,
director de Desarrollo de Negocio, Marketing y Comunicación de Comparex,
compañía europea que casualmente estaba instalada en el edificio Windsor
y que se dedica a ofrecer soluciones tecnológicas de continuidad de
negocio y planes de contingencia. Esta compañía se aplicaba su propia
medicina y fue capaz de seguir con su actividad gracias al replicado
e interconexión de los servidores de Madrid con otros que tienen en
Barcelona. “La única información que hemos perdido ha sido la
estrictamente personal que almacenábamos cada empleado en los ordenadores
de la oficina. En mi caso, por ejemplo, lamento haber perdido para
siempre las fotografías digitales que guardaba de mis hijos”,
añade Martinez.
El directivo de Comparex asegura que entre el 80% y el 90% de las
pequeñas y medianas empresas de este país carece de soluciones de
contingencia, y lo mismo se puede decir de casi la mitad de las grandes
empresas españolas. En opinión de Martinez, no basta con realizar
back-up o copias de seguridad de los datos, sino que también hace
falta saber recuperar rápidamente esos datos.
El atentado de la Torres Gemelas o el incendio del edificio Windsor
ponen de relieve la importancia del duplicado de información. Según
fuentes de Interxion, compañía especializada en el alojamiento de
información y equipos de numerosas empresas, el gasto medio que las
compañías destinan a ese tipo de planes oscila entre el 1% y el 2%
del presupuesto total destinado a tecnologías de la información. Pese
a ello, las mismas fuentes de Interxion aseguran que dos de cada cinco
empresas que sufren incidencias de este tipo no vuelven a operar y
terminan cerrando.
Todas las grandes multinacionales y la totalidad de las entidades
bancarias instaladas en España disponen de planes de continuidad para
este tipo de contingencias. Lógicamente, re trata de salvaguardas
que afortunadamente nunca han tenido que utilizar, pero que en caso
de catástrofe o sabotaje evitaría que el banco dejara de funcionar.
El sistema consiste en duplicar los sistemas informáticos fuera del
edificio, en sitios remotos que sólo conocen unas pocas personas en
el seno de la corporación.
Pero no hace falta que le techo se desplome para utilizar los sistemas
remotos. Esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, a Red.es. Este organismo
público empresarial, dependiente del Ministerio de Industria, Turismo
y Comercio, ha podido realizar sus tareas cotidianas sin problemas
a pasar del cierre de sus oficinas centrales en el edificio Bronce,
próximo al edificio afectado. Lo mismo sucede a otras empresas afectadas
por el cierre por motivos de seguridad en otros edificios de oficinas
de la zona.
Lo mejor que se puede hacer en estas circunstancias es confiar parte
del gasto tecnológico en este tipo de rutinas de replicado remoto
de datos, en lugar de encomendarse al puñado de expertos capaces de
extraer información valiosa de los discos duros destrozados. Así,
según informó este periódico el pasado lunes, un grupo de informáticos
viajó el domingo desde Londres hasta Madrid para tratar de recuperar
las bases de datos de Garrigues, despacho de abogados alojado en el
edificio Windsor.
Según informa el laboratorio técnico de Recovery Labs,
compañía que comercializa aplicaciones de recuperación de datos, resulta
posible recuperar la información de los datos alojados en dispositivos
que han padecido los efectos del fuego o del agua. Para Miguel Ruiz,
director técnico de Recovery Labs, “en nuestro laboratorio se
han logrado recuperar datos de discos que habían sufrido la voracidad
de un incendio. Para ello es imprescindible disponer de una cámara
limpia y un equipo humano profesional que cuente con los conocimientos
y herramientas necesarias. En este tipo de desastres los dispositivos
sufren muchos daños y sólo pueden ser abiertos en este tipo de instalaciones
por profesionales altamente cualificados para poder operar con cualquier
dispositivo de almacenamiento abierto, sin que las cargas estáticas
o partículas puedan dañarlo”.
Las fuentes de Recovery Labs abunda en la creación de planes de contingencia
para evitar que las catástrofes puedan afectar a la continuidad de
los negocios.
(Sigue en la página 37)
LA LECCIÓN DE WINDSOR
La pérdida de datos amenaza a todas las empresas.
(Viene de la página 33)
Que nadie piense que está vacunado ante este tipo de problemas, como
el sufrido en el edificio Windsor. Según se desprende en los datos
que maneja Interxión, el 20% de las pymes sufre un desastre de origen
tecnológico grave cada cinco años. Por otra parte, y según las mismas
fuentes, el 75% de las compañías de EE.UU. ha experimentado una interrupción
de sus operaciones con alguna causa inesperada: el 72% por fallos
eléctricos; el 52% por hardware; el 46%, por telecomunicaciones; y
el 43%, por errores de software. Como consecuencia de lo anterior,
el 43% de estas compañías tuvo que cerrar y el 29% quebró tres años
después; y el 93% de las compañías que sufrieron estas incidencias
desapareció en cinco años.
La pérdida de información no sólo afecta a las empresas instaladas
en la zona destruida, sino también a terceros. De esta forma, el portavoz
del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Enrique López, cifró
en más de 5.000 los procedimientos judiciales que se verán afectados
al estar personados abogados de Garrigues y Deloitte.
Al margen de las cuestiones técnicas, la comunicación de la crisis
también desempeña un factor clave en la respuesta. Así, Miguel López-Quesada,
de la consultora Weber Shandwick, considera que “es fundamental que
incluyan en su business plan una parte dedicada a la prevención y
gestión de crisis”.
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