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La memoria digital tampoco es eterna

Agosto 2010

Publico.es

Un grupo de investigadores franceses alerta de que la información grabada en discos tiene una esperanza de vida máxima de 10 años. La migración periódica de datos y su almacenaje en diferentes soportes son las únicas soluciones.

«¿Por qué deberíamos prestar atención a la conservación a largo plazo de la información digital en un momento en el que las posibilidades de almacenamiento nunca han sido tan abundantes ni tan baratas?», se pregunta un estudio realizado por la Academia Nacional de Tecnologías Francesa (NATF). La respuesta de los investigadores es tan sencilla como inquietante: los discos grabables están en constante deterioro, incluso cuando no se utilizan, y tienen una esperanza de vida limitada a entre cinco y diez años. «Los fabricantes quieren hacernos creer que sus medios de almacenamiento mantienen los datos para siempre, pero no es así», resume Franck Laloë, coautor del informe y director de investigación en el Centro Nacional francés de Investigación Científica (CNRS).

A principios de la década de los ochenta, cuando empezaron a aparecer los primeros CD, se dijo de ellos que eran un soporte casi indestructible. Se les auguraba una vida superior a los 100 años al no existir contacto físico entre el disco y el láser que interpreta los contenidos que alberga. Pero hay muchos otros factores que influyen en la degradación del soporte. «Al deterioro físico, sobre todo a los arañazos, hay que sumar aspectos como cambios bruscos de temperatura, humedad, sobreexposición a la luz, etc.», explica Juan Martos, director de laboratorio de Recovery Labs, una compañía española especializada en recuperación de datos en todos los soportes.

En ese tipo de daños no influye directamente el usuario, que ha grabado el disco, lo ha guardado dentro de una caja y cree que podrá acceder a la información muchos años después. Según los investigadores del NATF, el riesgo de perder esos contenidos es proporcional al tiempo transcurrido. El problema es que los discos se estropean incluso si se almacenan cuidadosamente, advierten los investigadores. Las pruebas realizadas ponen de manifiesto que la elección de un fabricante conocido no asegura necesariamente una vida mayor de los discos y que, cuanto mayor es la densidad de información de los soportes físicos, mayor es su fragilidad. Así, los CD grabables son más resistentes que los DVD y estos, a su vez, lo son más que los discos Blu-ray.

«Los CD ya han demostrado que no son un soporte duradero a largo plazo», añade Andrés Maldonado, jefe de desarrollo de negocio de Kingston, fabricante de memorias USB y tarjetas de almacenamiento. Su compañía garantiza la vida de los datos albergados en sus soportes por un período de diez años, aunque Maldonado se apresura a añadir que esa cifra no implica que la duración de memorias y tarjetas no sea mayor. «Siempre que se haga un uso normal de ellas y no se les someta a temperaturas extremas, no tienen por qué fallar», explica.

Martos aclara que uno de los problemas más comunes en el caso de CD y DVD son las averías lógicas, las que se producen por una grabación mal terminada. «En algunos casos, el usuario puede ver los nombres de las carpetas y los archivos, pero no puede acceder a ellos. En realidad, es como si se hubiese hecho el índice de un libro pero el contenido no estuviese adjunto. La información en ese caso es irrecuperable porque, de hecho, no está». El director de educación de la compañía de seguridad Eset, Fernando de la Cuadra, apunta, en el caso de los daños físicos, otro factor importante: «Los CD y DVD de hace unos años estaban realizados con mejores materiales de lo que lo están ahora. El abaratamiento del precio final se ha traducido en algunos casos en una reducción de la calidad de los materiales».

 

Fallos físicos y lógicos

Un estudio realizado en 2007 por Google sobre la vida útil de los discos duros tampoco planteaba a estos soportes como soluciones a largo plazo. «También tienen fecha de caducidad; se estima en unos cinco años», indica Martos. Al contrario de lo que se suele creer, un disco duro que no está funcionando de manera constante tiene más riesgo de averías que uno que está permanentemente conectado. «Si el calor al que está sometido es continuo no tiene por qué ocurrir nada, pero pasar de 15º a 50º provoca que las piezas mecánicas sufran más estrés por la dilatación y la contracción y puede dar lugar a errores», añade Martos

Recovery Labs tiene un porcentaje de éxito del 70% en la recuperación de datos en soportes dañados. Su jefe de laboratorio explica que, pese a la elevada cifra, hoy es más difícil recuperar la información de los discos duros que antes. «La miniaturización influye. Son cada vez más pequeños, tienen más información y es más difícil encontrar repuestos, que a la vez es una de las áreas que más encarece la reparación cuando se trata de averías físicas».

Martos destaca que, aunque la mayoría de sus trabajos de recuperación están centrados en los discos duros, se ha producido un incremento de los servicios relacionados con las tarjetas de memoria, las que se utilizan en cámaras de fotos. Aún se trata de una demanda minoritaria, pero fabricantes de tarjetas como Transcend han empezado a incorporar a sus tarjetas CF industriales (centradas en aplicaciones profesionales como instrumental médico, sistemas de automatización de fábricas o infraestructuras en red) un software para controlar automáticamente las celdas de la tarjeta, mover los datos a otro bloque antes de que este sea incapaz de alojarlos e informar cuando se alcanza el umbral de seguridad para los ciclos de escritura y borrado.

 

La migración perpetua

Si los usuarios no pueden depender de conservar en CD o DVD sus archivos, y si los discos duros también tienen un índice elevado de error con el paso del tiempo, ¿qué solución es la que deberían adoptar los usuarios para la conservación de datos a largo plazo? Los investigadores del CNRS apuestan por un remedio sencillo. En su opinión, sólo un constante traslado de datos garantiza la conservación de los mismos, con el coste y las molestias que cada migración conlleva. «Por desgracia, no existe una solución clara al problema del almacenamiento a falta de un método decisivo y ampliamente aceptado. El único consejo que podemos dar a la gente es copiar sus datos a través de múltiples discos y renovar sus copias de seguridad en nuevos soportes cada cierto tiempo», reconocen.

De la Cuadra añade una serie de recomendaciones básicas centradas en la multiplicación de fuentes. «No hay que fiarse de una única copia de seguridad. Hay que almacenar la información en distintos formatos», explica. Una de las opciones más utilizadas en los últimos años es el almacenamiento online, empresas que almacenan los datos de los usuarios en sus servidores. Aunque la mayoría de estos servicios son de pago, existen opciones gratuitas que reservan un espacio limitado. Microsoft, por ejemplo, lanzó hace tres años SkyDrive, que entonces ofrecía 5 GB de almacenamiento online y hoy ha ampliado el espacio hasta 25 GB por cuenta de correo.

El usuario ha encontrado en este tipo de soluciones una serie de ventajas añadidas. Además de mantener otra copia de sus archivos, puede acceder a ellos desde cualquier ordenador con acceso a internet. También permiten especificar el acceso selectivo tanto a usuarios como a documentos, facilitando la labor de compartir. Es el caso de Flickr, que ofrece un servicio gratuito limitado a 100 MB de fotografías al mes y otro de pago llamado Pro en el que no existe límite de almacenamiento.

En el fondo, el problema de la vida útil de los soportes sigue ahí, pero el usuario está trasladando la responsabilidad al proveedor. «Es una buena opción», razona De la Cuadra, «porque las empresas que lo ofrecen suelen mantener actualizados sus discos. Además, no sólo es necesario tener una copia de seguridad en caso de avería, sino también porque hay otros factores que pueden impedir acceder a la información, como los virus. Incluir la copia de seguridad periódica como un hábito informático es muy importante», añade.

El almacenamiento en distintas fuentes, pese al gasto que supone, puede considerarse una inversión de futuro. «Hemos tenido clientes que nos solicitan la recuperación de un disco duro en el que hay varios GB de música descargada. Pese a que no han pagado por ella, sí están dispuestos a pagar por recuperarla», concluye Martos.

 

Borrar los datos, tan difícil como conservarlos

Si la pérdida involuntaria de datos es un problema, también lo es la destrucción segura de información confidencial. Recovery Labs compra discos duros de segunda mano para surtirse de las piezas que después solucionarán las averías mecánicas de sus clientes. Descubrieron que algunas empresas borran la información de los discos duros para eliminarla, sin ser conscientes de que los datos se pueden recuperar y ser accesibles a terceros. Decidieron entonces lanzar una nueva área de negocio, la del borrado seguro.

La información borrada permanece oculta a simple vista, pero es posible llegar a ella. Según sus datos, más del 80% de los discos adquiridos contenía información confidencial de sus anteriores propietarios. Sólo hay dos formas de asegurarse de que los datos de un disco duro no sean accesibles: la destrucción física del soporte o la sobreescritura, que rompe la estructura que permitiría acceder a esos archivos. Recovery Labs reconoce que lo más complicado es hacer eliminaciones de contenidos concretos. En el caso de querer hacer un borrado seguro de todo el disco, la velocidad a la que se realiza es de 1 GB por minuto.