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Un disco duro del Columbia sobrevivió al accidente

Mayo 2008

Libertad Digital

En febrero de 2003, el transbordador espacial Columbia se desintegró al entrar en la atmósfera, muriendo sus siete tripulantes. Uno de los discos duros apareció en Texas y fue enviado a una empresa especializada en recuperación de información. Por increíble que parezca, a pesar de que estar fundido y haber caído desde una altura de miles de kilómetros, se pudo recuperar el 99% de la información, que fue utilizada en un artículo científico publicado en abril.

(Libertad Digital) Jon Edwards, ingeniero de la empresa Kroll Ontrack, fue capaz de recuperar la información de un disco duro que cayó del cielo cuando el transbordador espacial Columbia se desintegró en 2003. En la última misión del Columbia, el disco se había usado para almacenar los resultados de un experimento científico sobre las propiedades del xenon líquido.

La mayor parte de la información se envió por radio a la tierra durante el viaje del Columbia y Edwards fue capaz de recuperar el resto, permitiendo a los investigadores publicar el experimento en el número de abril de la revista científica Physical Review E.

El Columbia se desintegró al entrar en al atmósfera en febrero de 2003, matando a sus siete astronautas. La capa aislante del transbordador había sido dañada en el lanzamiento, lo que provocó el calentamiento de la nave. La mayor parte de los restos del Columbia cayeron en Texas, y allí se encontró el disco duro, en pésimas condiciones. Además de tener el exterior quemado, la capa que protege a las placas magnéticas se había fundido y había dejado entrar polvo, que puede rayar el material y hacerlo ilegible.

Sin embargo, el disco de 340 megabytes sólo estaba usado en un 50%, y los daños no se habían producido en la zona escrita. Además, el ordenador usaba el sistema operativo DOS, vendido por Microsoft antes de Windows, que no distribuye la información por todo el disco. El modelo de disco usado, un Seagate ST9385, fue fabricado en 1994, casi una década antes de la catástrofe. Probablemente, los procesos de validación de componentes en las misiones espaciales, que pueden conducir a que no se use la última tecnología disponible, facilitaron la recuperación de la información.

Después de limpiar las placas, Edwards las montó en otra unidad de disco, y pudo recuperar así el 99% de la información. Lamentablemente, no tuvo tanta suerte con los otros dos discos encontrados entre los restos de la nave, que perdieron para siempre su información.

Miguel Ruiz, director técnico de Recovery Labs, explicó a Libertad Digital que “es frecuente que discos que a priori se encuentran en muy mal estado, como discos rescatados de un incendio o una explosión, cuando accedemos al interior del disco que éste se encuentra en perfecto estado y por tanto la recuperación se puede realizar con unas dificultades mínimas.”

Recovery Labs tiene una experiencia similar, ya que recuperó los datos de una tarjeta de estado sólido que contenía los resultados de unos experimentos realizados en microgravedad a bordo de un cohete de sondeo llamado Texas-38 enviado desde Suecia por la Agencia Europea del Espacio (ESA).

Ruiz recomienda a los usuarios que necesiten recuperar datos de un disco dañado que lo manipulen lo menos posible: “Sólo hay dos situaciones que imposibilitan la recuperación: la sobreescritura de los datos y la destrucción de la capa magnética de los platos. Poner en marcha un disco sin tener la seguridad que no se van a producir daños en la superficie de los platos es un error común que imposibilita la recuperación de datos posterior.”