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¿Quién se ha comido mis datos?

Enero 2007

La Vanguardia

La proliferación de dispositivos digitales agrava los riesgos de pérdida.

Las catástrofes que, de vez en cuando y con distinta gravedad, pueden afectar a las empresas ponen de manifiesto que, en materia de seguridad informática, nadie está realmente a salvo. Sólo la existencia de servidores redundantes, con un riguroso plan de continuidad, puede proteger a las empresas de una eventual pérdida de datos sensibles o vitales para mantener su funcionamiento. Pero esa medida no está al alcance de todos. La prudencia aconseja implantar una rutina de back up, consistente en hacer copias automáticas del contenido de los discos en otro soporte de almacenamiento y, según las circunstancias, en otra ubicación. Pero esta recomendación, que está en todos los manuales, no siempre se sigue. E incluso cuando se sigue, algo puede fallar.

Miguel Ruiz, director técnico de Recovery Labs, se reserva el nombre de un cliente cuyos técnicos de sistemas descubrieron, tras una avería, que los datos habían desaparecido porque el sistema de back up, pese a estar programado para ciclos de dos horas, llevaba más de un año emitiendo avisos sobre el agotamiento del espacio disponible, a los que nadie prestaba atención. Es una situación extrema, pero no excepcional, comenta Galo Mateos, director general de esta empresa especializada en la recuperación de datos: “Existimos porque los datos se pierden, con independencia de que hay sistemas encaminados a evitar que se pierdan”.

Los motivos por los que se pierden los datos almacenados pueden ser diversos, desde los fallos de hardware o de software hasta los inevitables errores humanos. La tendencia indica un crecimiento porcentual de los primeros, y un descenso de los problemas imputables al software. Entre aquéllos, las averías estructurales superan a los fallos electrónicos, a la vez que aumentan los asociados con el calentamiento de dispositivos deficientemente ventilados. Según Ruiz, los dispositivos digitales son vulnerables porque albergan cada vez más información en menos espacio, y así quedan expuestos a nuevos factores de riesgo, por no hablar del maltrato que pueden recibir. No es infrecuente que, en caso de nervios, una intervención precipitada empeore las cosas, con la intención de arreglarlas.

A menos que se trate de un daño físico irreversible en el disco duro, normalmente la información que contiene es recuperable, siempre que se aplique el proceso adecuado tras un diagnóstico preciso. Ocurre a menudo que, tratando de resolver la pérdida, el propio usuario vuelve a escribir datos sobre los dañados y hace imposible la restauración completa. Según las estadísticas que menciona Galo Mateos, al laboratorio de Recovery Labs llegan cada día, de promedio, más de 20 incidencias de distinta gravedad –en el 2006 fueron unas 7.000–, con tendencia a aumentar. Pese a ser una empresa de capital nacional y líder del mercado español, la mayor parte de la facturación procede de nueve países europeos, en primer lugar Alemania. En España, el 23% de las incidencias del 2006 se originó en Catalunya. No se trata sólo de pymes poco cuidadosas con sus sistemas de información; abundan las compañías medianas, grandes y muy grandes: “Veintisiete empresas del Ibex-35 son clientes nuestros y en Alemania, Francia e Italia trabajamos con multinacionales de primera fila”. Organizaciones que destinan recursos importantes a la seguridad de sus sistemas informáticos pero que, en el momento menos oportuno, son víctimas de un descuido. En los últimos tiempos, las incidencias han adquirido un sesgo significativo que marca tendencia. La proliferación de dispositivos portátiles y su uso itinerante –no siempre en las mejores condiciones–, sin tiempo para hacer revisiones técnicas y copias de seguridad, han acentuado los problemas. Lo mismo ocurre con el auge de las tarjetas y memorias flash, en las que el borrado accidental de datos es algo común. Por esta razón, Recovery Labs ha creado un servicio de recuperación de fotos perdidas.

Esta empresa ha incorporado una actividad anexa dentro del mismo sector, un software para el borrado seguro. Con frecuencia, al renovar su parque informático, muchas empresas –y, por supuesto, la mayoría de los usuarios particulares– suponen que es suficiente formatear los discos duros antes de desprenderse de los viejos ordenadores. Suposición errónea: borrar archivos y formatear el soporte de almacenamiento no elimina de manera irreversible su contenido, por lo que se corre el riesgo de que trascienda información confidencial. Según estimaciones, menos del 8% de los discos duros que se saldan o desguazan han sido tratados para evitar ese riesgo.